Dios no ha muerto: Inocencia consciente o Reencantamiento Postmoderno

Por Esther Marín Ramos, publicado en Speculum. nº3 Ed. Fundamentos y en Indirectalibre.

El presente ensayo profundiza, desde una perspectiva sociológica, filosófica y psicoanalítica, en el tema de la autoridad y la necesidad del Gran Otro como estructuras inseparables del desarrollo humano, cuestionando la visión desencantada del mundo.

Seguir soñando, sabiendo que se sueña

F. W. Nietzsche

El destino de nuestro tiempo se caracteriza por la racionalización y la intelectualización y, sobre todo, por el “desencantamiento del mundo “, escribía Weber en 1918, remozando una frase de Schiller que iba a ser su leitmotiv, animando al mundo a salir del mito… Pero todavía en vida, el sociólogo que sentó las bases de la sociedad capitalista moderna se vio sorprendido por una nueva realidad que sacudió los cimientos del proceso de racionalización y desmitificación cuya esencia había sabido captar tan genialmente, cuando  la siniestra resurrección de “antiguos dioses”  del nacionalismo germano asestó el primer gran embate a la modernidad, nacida en la tecnociencia y la razón instrumental, ante la impotencia burguesa de la república del Weimar.

Como una señal de lo que no tardaría en manifestarse, sólo medio siglo más tarde, en el mismo marco escénico, a la caída del muro de Berlín, justo cuando la lógica de la guerra fría queda inoperante, comenzó a gestarse la semilla que revelaría la inanidad de la sociedad moderna. Lo que pareció una sentencia a favor de la libre circulación del sistema capitalista y la ideología del fin de las ideologías, ha ido derivando en una serie de acontecimientos políticos, económicos, sociales que han puesto en crisis este dominio hasta el punto actual. El desarrollo del feminismo, los nacionalismos del tercer mundo, el ecologismo, el pacifismo, los grupos antisistema surgidos de la crisis económica mundial, son “las voces de los oprimidos poniendo en tela de juicio el deseo occidental de dominio y control cada vez más grandes”, dice Owen[1].

Un proceso del que muchos señalan rasgos opuestos al desencanto moderno de Weber: el vínculo de lo posmoderno con la premodernidad señalado por Habermas[2], el mito reencontrado de Vattimo[3], la tribalización y subjetivización de la sociedad de Maffesoli[4] y Debray[5], el reencantamiento del mundo de Berman[6],  la “vuelta” a la comunidad prístina de Baumann, al igual que la defensa de la naturaleza del ecologismo, la oposición a los valores patriarcales liderada por el feminismo, y la reivindicación de las raíces históricas de los nacionalistas.

El desarrollo de los medios de comunicación vino a multiplicar significativamente esta tendencia: en la masa, lo humano, anteriormente codificado por la modernidad, se recupera. La imagen subsume al medio impreso objetivizante, manipulador y segregador, retrayéndonos al tribalismo de la aldea, ahora global, de McLuhan[7]. Y la narración, tal y como la definió Benjamin[8], rememoradora, fantástica, moralizante, esperanzadora e intemporal, nacida de la experiencia, de la comunidad, desaparecida en el proceso de modernización, renace vehiculada por los mass-media y las Industrias Culturales.

¿Qué está ocurriendo ahora entonces? Creímos que Dios había muerto, que la razón científica había acabado con la oscuridad de los tiempos en que todo se resolvía acudiendo a la autoridad divina, a la verdad absoluta, pero el desarrollo de la cultura y su civilización de la imagen ha devenido en una suerte de mito de la caverna invertido, una selva donde las falsos reflejos fantasmagóricos pululan por doquier a plena luz del día.  Una sociedad saturada[9] de información, de “imágenes  -como ha dicho Jean Baudrillard- donde no hay nada que ver”[10]. El conocimiento comienza a adquirir cualidades caóticas que en lugar de clarificar y añadir luz, acaba confundiendo y engañando tanto o más que el ensimismamiento en las percepciones personales despreciado por Platón. Como apunta Santos Zunzunegui (89:23), el exceso de información puede ser tan peligroso como una carencia, y da lugar a la proliferación de una especie contemporánea de ciego viviente.

En una sociedad en la que el problema es la confusión creada por la avalancha informativa, la inflación de la imagen, y lo que es más importante, la latente infinitud del mensaje incontrolado de la telemática, el receptor tradicional, modélico neurótico, acostumbrado a jugar en base a unos límites siempre impuestos desde fuera, por primera vez no encuentra un agente externo al que responsabilizar de su desconocimiento, de la parcialidad de lo que aprende que ahora es consciente que siempre es parcial ¿A qué conduce este escenario?

La situación del individuo perdido en la espesura de un bosque incontrolable, sin camino ni guía al que acudir nos remite al mismo lugar en que encalló el hombre moderno científico al desmitificar a sus dioses, al irracionalismo impuesto por las religiones monoteístas, pero ahora el proceso se generaliza al concepto de verdad ontológica. El conocimiento, como ha sido considerado hasta ahora, tampoco sirve para conocer. La sensación de fragilidad y pusilanimidad del individuo expuesto ante esta situación, es más transcendente de lo que creíamos y se extiende al ámbito “sagrado”[11] de lo objetivo.

Qué balsámica sensación de control cuando el concepto de verdad se halla contundentemente flanqueado en exclusiva por factores ajenos a nuestra voluntad, ya sean ideológicos, metodológicos, o religiosos… Pero, como apunta Zygmunt Baumann, el individuo hoy asume todo el peso de su libertad adquirida, la responsabilidad de su fracaso y la construcción de  sus propias pautas: en este momento, salimos de la época de “los grupos de referencia” preasignados, para desplazarnos hacia una era de “comparación universal” en la que el destino de la labor de construcción individual está endémica e irremediablemente indefinido[12].

¿Hemos salido entonces de la oscuridad? ¿Los términos Peso y libertad, en boca de Baumann, no son un oxímoron? ¿una paradoja imposible?

La perspectiva psicoanalítica del Gran Otro

Analizar este  debate filosófico, sociológico, cultural, desde el punto de vista psicoanalítico, puede resultar refrescante y esclarecedor, como  observar,  a la luz de un microscopio, la naturaleza mínima de este vasto entramado en el que es fácil perderse. Nos acerca al silencio, a la ecología y esencialidad que el pensamiento de nuestros días ansía desesperadamente.

El prolífico filósofo y psicoanalista esloveno Slavoj Zizek, haciendo eco de los padres de lo oculto,  nos recuerda que, pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre[13].

Dios no ha muerto, dice. Siempre hay un padre, una autoridad o límite. Podemos matarlo, pero la autoridad pasa a hacerse inconsciente, entrando en un ámbito mucho más incontrolable y limitador. Podemos derrocar a un dios en pos de otro, pero la idea (social o personal) de un individuo en completa libertad, resulta la más represora y totalitarista, dice el autor, en cuanto que no permite cuestionar los límites siempre presentes en la naturaleza humana y, en consecuencia, impide revelarse a ellos en el momento en que han sido superados.

En opinión del controvertido filósofo, si hubo un tiempo en que abiertamente aparentábamos creer mientras que íntimamente éramos escépticos o nos burlábamos obscenamente de nuestras creencias públicas, hoy tendemos a profesar abiertamente una actitud escéptica/ hedonista/ relajada, mientras que interiormente seguimos acosados por severas prohibiciones y creencias. Hemos pasado de la típica figura del creyente moderno que abriga secretamente dudas sobre sus creencias y se pone a fantasear con transgredirlas, al sujeto hedonista tolerante que sólo busca el placer, cuyo inconsciente es ahora el lugar de la prohibición: hoy, lo reprimido no son los placeres o los deseos ilícitos, sino la prohibición como tal. “Si Dios no existe, entonces todo está prohibido” Y, por tanto, cuanto más me percibo como no creyente, más gobernado está mi inconsciente por prohibiciones que obstaculizan mi goce”.

El ser humano no es libre.  Admitirlo no es una cuestión de miedo[14], sino de madurez personal y social, siempre que esta idea se encuentre acompañada del suficiente relativismo, a saber, no anclado al dogma de una única e inquebrantable autoridad (religiosa, ideológica, científica…). Los límites son necesarios para el desarrollo, para el disfrute del placer también, en la misma medida que es necesario revelarse a ellos y superarlos acogiéndonos a otros  que convengan más a nuestro crecimiento en un momento dado. Pretender que uno puede ser libre, no sólo resulta ingenuo, sino paralizante y destructivo, pues nos convierte en víctimas de un dios inconsciente y descontrolado. El ser humano es libre en la medida que admite su falta de libertad y sólo entonces.

De lo cual se deduce que, al hilo de la frase de los construccionistas radicales Es imposible no comunicar[15], podríamos también afirmar Es imposible no creer, necesitamos hacerlo y el que dice ser un escéptico respecto a un ámbito, o idea,  se muestra un ferviente creyente de otras y quien asegura no creer en nada, simplemente elude la pregunta.

Ni siquiera hoy, es posible dejar de creer.

Volviendo al punto inicial, podemos decir con Vattimo, entonces,  que, lejos del desencanto weberiano, la cultura occidental nunca ha despertado del sueño, sólo lo creyó, y  ahora se percata que soñó que despertaba. Inocencia consciente. Seguir soñando, sabiendo que se sueña, como también dijo Nietzsche. Reencantamiento postmoderno. Ficciones varias, que diría Borges, dioses como cantos rodados sobre los que ir saltando al pasar el río…

La pregunta que cabría hacerse ahora sería ¿en qué estamos creyendo mientras pensamos que no creemos en nada? ¿A qué o a quién le estamos dando autoridad, cuando aseveramos ser libres?


[1] En Fotser, H. (comp.) (1985): La posmodernidad. Barcelona: Kairós, p.105.

[2] Habermas, J. (1980), La Modernidad, un proyecto incompleto, disponible en red: http://es.scribd.com/doc/25398470/habermas-jurgen-modernidad-un-proyecto-incompleto

[3] El mito reencontrado, en La sociedad transparente (Milán, 1989), Paidós, Barcelona, 1998, y también en La crisis de la subjetividad de Nietzsche a Heidegger, en Ética de la interpretación, traducción de T. Oñate, Barcelona, Paidós, 1991.

[4] La obra del francés Michel Maffesoli,  aborda desde una perspectiva sociológica, los atisbos de un incipiente reencantamiento del mundo desde múltiples perspectivas, como la ética , el tribalismo , la contemplación y la estética  frente al análisis…

[5] Debray, Régis (1996): El Arcaísmo posmoderno: lo religioso en la aldea global. Buenos Aires : Manantial.

[6] Berman, Morris (1987): El reencantamiento del mundo. Chile: Cuatro Vientos.

[7] Mcluhan, M y Powers, B.R. (1995). La aldea global. Barcelona: Gedisa.

[8] El Narrador (1936),  en Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV. Madrid: Taurus (1991).

[9] Sobre la noción de saturación como causante de los cambios decisivos de las sociedades actuales a dinámicas premodernas, consúltese en general toda la obra de Michel Maffesoli, y en concreto comenta en su última obra, Apocalipse (2009) que por efecto de saturación, las tribus se rebelan contra el ideal de la conversión de todos a productores y consumidores, contra el trabajo como valor esencial; en Arriaga Martínez, Rafael. Reseña de “Apocalypse” de Michel Maffesoli. Estudios Fronterizos [en línea] 2009, vol. 10 [citado 2010-09-17]. Disponible en Internet: http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=53012159006. ISSN 0187-6961.

[10] en “Ensayo sobre los fenómenos extremos”  en La transparencia del mal, Anagrama, Barcelona, 1991, p.22

[11] El concepto de “sacro”, aquí, como puede verse, se aplica también a un ámbito que Weber ignoró.

[12] en Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica. FCE. Argentina. 2003, p. 13.

[13] -Cómo leer a Lacan- Slavoj Žižek (cap.6) Ed. Paidós.Colección Espacios de Saber. Consecuencias. Revista digital de psicoanálisis, arte y pensamiento: Zizek, Slaboj, Dios ha muerto pero no lo sabe, Lacan juega con Bobok. http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/002/template.asp?arts/derivaciones/zizek.html

[14] Erich Fromm (1968), El miedo a la libertad, en red versión y presentación de la edición castellana por Gino Germani: http://www.enxarxa.com/biblioteca/FROMM%20El%20Miedo%20A%20La%20Libertad.pdf

[15] Teoría de la Comunicación Humana (2006) por Paul Watzlawick. Herder ISBN:84-254-1205-6 (1981- 1ª edic.), p. 52-56 y 61-68

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