La vulnerabilidad

(Tierras de Penumbra, Richard Attemborough, 1993) Por Esther Marín Ramos, para Cineclub Golfa

La primera vez que vi Tierras de Penumbra era el verano de 1994, cerraba un curso académico en el que, junto a Azul de Kieslowski y El Piano de Jane Campion, el cine me había regalado las tres películas que con mayor intensidad han grabado mi vida, descubriendo en él a uno de mis mejores compañeros de viaje desde entonces.

Para mí, ésta es una historia de las grandes, como las epopeyas griegas o los cuentos tradicionales, de esas que narran el desenlace de una vida sincera profundizando en la crisis y resolviendo en su sublimación. Un referente al que mirar.

Se trata de la vida de C. S. Lewis, conocido autor de Las Crónicas de Narnia y tantas otras grandes obras más, como sus ensayos sobre el amor  (The Allegory of love), sobre el dolor (The problema of pain) y sus poemas. El filme, de hecho, está basado en la novela autobiográfica Una pena en observación, escrita por el mismo Lewis tras la muerte de su esposa. El mérito de su director, R. Attemborough, es el de haber conectado íntimamente con la obra y haberla traducido audiovisualmente de manera impecable, logrando la que es para mí su mejor película.

Jack es un académico que escribe y enseña sobre el dolor y el amor, sin atreverse empero a tocarlos nunca.  Ha dedicado sus años como adulto a confeccionarse de manera escrupulosa una vida controlable, de retos controlables, a partir de que la muerte le hiciera su primer respingo en la niñez. Su burbuja es la vida académica en la burbuja académica de Oxford, es la ficción exuberante de sus relatos, es su religiosidad[i], es su soltería mantenida hasta casi el final de su vida y es el Jack que juega al divo en sus locuciones y conferencias y compite con sus colegas. Pero bajo esta protección tan cuidadosamente tramada, se escondía el germen de lo imponderable.

Clive Staples Lewis (que adoptó a los cuatro años el nombre de Jack tras la muerte de su perro Jacksie), tuvo que experimentar la enfermedad y muerte de cáncer de su madre cuando solo tenía nueve años, coincidiendo con su ingreso en la siniestra Wynyard School cuyo rector acabaría internado en un psiquiátrico. Su pena, mal acompañada entonces, conformaría el trauma que acabaría dirigiendo la vida del irlandés y llevaría al adolescente Jack, nacido en una católica familia, a renegar en un primer momento de la religión y profundizar en creencias denostadas por la fe cristiana: ocultismo, mitología, astrología, simbología medieval… Efectivamente, a lo largo de la vida de C. S. Lewis, tuvieron lugar a la vez, por un lado, la necesidad de llegar a las más ocultas profundidades del alma y, por otro, la pulsión de protección o fantasme [ii] que le llevaron a protegerse de la realidad, del sentimiento de verdadera conexión con la vida, una y otra vez.

Aquel germen no eclosionaría hasta la aparición en escena de la mariposa Joy Gresham. Joy la americana extemporánea [iii], la comunista y atea, la poeta con dos hijos, divorciada de un marido alcohólico y promiscuo. Una mariposa convulsa, con la impronta de la pasión tatuada en sus alas, que llega allende los mares para encontrarse con su admirado amigo, con su amor silencioso durante tantos años alimentados de cartas. Hombre-flor, mujer-insecto polinizador que vendrá a inocular la transformación [iv] del teólogo solterón.

Hombre-flor de vida estable y rutinaria y mujer-mariposa convulsa que busca su regazo y, a la vez, hace estallar su burbuja [v]. El profesor Lewis recibiría entonces la mayor de las lecciones: el cambio solo llega si te expones. Volver de nuevo a aquello que provocó la pena para recuperar la vulnerabilidad perdida y entonces, solo entonces, volver a amar. C.S. Lewis lo hizo y por eso resulta tan grande su legado, porque son pocos los que se exponen a tanto. Algunos años después de estar juntos, la mariposa Joy enfermó de cáncer como la madre de Jack, y amor y pérdida tendrán que darse unidos de nuevo, cerrando el círculo vital originado en la vida del escritor. La enfermedad remitió tras la boda, en “un alarde milagroso”, como calificó Jack, pero acabaría imponiéndose cuatro años más tarde. Tras la muerte de su esposa, llegaría la crisis de fe y el reencuentro con el sentido pleno de su vida reflejado en el libro que da origen a esta película, que fue firmado bajo pseudónimo, y llegaría también su enfermedad de corazón de la que moriría solo dos años más tarde.

  Una gran historia de amor, acorde a una de las más geniales y conmovedoras personas de la historia. La de un hombre honesto que luchó por dejarnos su mejor yo, y el retrato o impronta de la vulnerabilidad, ese aspecto del alma humana que nuestra sociedad de progreso ha ahogado hasta llenar de suicidios conscientes o inconscientes cada uno de los hogares de este pretencioso mundo del artificio. Porque ¿cuántos estamos dispuestos a morir a nosotros mismos para hacer con nuestro camino un mundo mejor? ¿Cuántos a conectar con aquello que nos hace más vulnerables y nos permite la conexión real con la vida? C.S Lewis, con su vida y su obra, dejó el legado de esa aventura, la Odisea de una vida con final de vuelta al hogar, al corazón. Y le estoy inmensamente agradecida.

Amar del todo es ser vulnerable. Ama cualquier cosa y tu corazón seguramente será estrujado y posiblemente roto. Si quieres asegurarte de mantenerlo intacto, no debes darle tu corazón a nadie, ni a un animal… Cúbrelo cuidadosamente con pasatiempos y pequeños lujos; evita cualquier enredo; guárdalo bajo llave en el ataúd o féretro de tu egoísmo. Pero en ese féretro –seguro, oscuro, sin movimiento, sin aire- cambiará; se volverá irrompible, impenetrable, irredimible… El único lugar, a parte del cielo, donde puedes estar perfectamente seguro contra todos los peligros del amor, es el infierno. (C.S. Lewis)

  1. [i] C.S Lewis es considerado uno de los más importantes apologistas cristianos del siglo XX.
  2. [ii] Fantasía o burbuja; término freudiano que alude a la actitud escapista frente al dolor.
  3. [iii] Niña prodigio en su infancia, trabajó como guionista para la Metro Goldwyn Mayer  y fue una importante crítica de cine en los 40, además de poeta.
  4. [iv] El ladrón de orquídeas (Charlie Kaufman, 2002)
  5. [v] Notting Hill (Roger Michell, 1999); Safe Heaven (Lase Hallström, 2013)…
Anuncios

¿Que te parece?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s