El fotoperiodismo en la era de la inflación de imágenes: La mirada silenciosa de Raymon Depardon.

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Por Esther Marín Ramos. Raymond Depardon (6 de Julio 1942- ). Fotógrafo francés. Fundador de la agencia Gamma. Actualmente uno de los más prestigiosos directores de cine documental.

Nota:

Texto original de la conferencia multimedia realizada con motivo del Ciclo de documentales de Raymond Depardon llevado a cabo en el auditorio del Centro de Estudios Ciudad de la Luz (Alicante) la segunda semana de junio de 2009. En la presentación participaron el Delegado General de la Alianza Francesa en España Jean-Manuel Duhaut, el director del CECL, y la autora de este discurso, Esther Marín Ramos, en su calidad de profesora de Psicología de la comunicación y Teoría de la Comunicación Audiovisual en la Licenciatura de Comunicación Audiovisual del Centro de Estudios Ciudad de la Luz (Alicante).

Estas navidades pasadas tuve la ocasión de poder ver, precisamente en París, una exposición de fotografía del más conocido de los primeros fotoperiodistas, Erich Salomon. Las fotografías de este judío alemán se hicieron famosas en el periodo de entre guerras por retratar ámbitos íntimos de la vida política, artística y de la clase alta de la época. Gestos, miradas únicas de reuniones políticas de trascendencia internacional, una Marlene Dietrich desmaquillada hablando en su cama por teléfono… Superficialmente no hay nada especialmente llamativo en ellas, nada que a primera vista, extrapolado a la realidad de hoy, podríamos echar de menos fotográficamente hablando. Sin embargo había algo en esas imágenes que para mí es increíblemente difícil encontrar hoy en la producción visual y audiovisual de nuestra sociedad mediática, completamente distinta, tan sobrecargada en estos momentos, tan saturada de imágenes. Y este algo, que me llamó poderosísimamente la atención en aquel momento, es lo que vuelvo a encontrar en la mirada de este francés, Raymond Depardon, también como Salomon, fotoperiodista en sus inicios y actualmente uno de los más conocidos directores de cine documental.

La imagen espontánea de Thomas Mann debatiendo en mitad de una reunión de la Real Academia de Bellas Artes de Berlín, o de las mujeres políticas alemanas discutiendo en torno a los restos de una cena, retratadas por Erich Salomon, son imágenes que todavía guardan una genuina inocencia, una verdadera intimidad. Es decir, en ninguna de ellas se puede encontrar ni el más mínimo rastro de pose, o conciencia de la mirada del autor, y sin embargo, el fotógrafo estaba allí encima, sin esconderse como un paparazzi, y por tanto, capaz de recoger una muestra privilegiada de intimidad, ni robada, ni forzada. Se trataba de una mirada amiga, juguetona, en la que la élite de la época podía confiar, hasta permitir que se inmiscuyera en sus momentos más espontáneos y también en los más cruciales de la vida social y política. Una mirada que parece sólo posible en la época en la que la cámara todavía no suponía una amenaza, y resultaba un curioso y atractivo artilugio del más excéntrico de los amigos, porque el fotógrafo, como en el caso de Salomon, formaba parte generalmente de esa élite.

Al ver aquella exposición de fotografía, me asaltaba constantemente la pregunta de cómo sería en la actualidad, a qué correspondería hoy esa mirada entrometida, de gato, de los primeros fotoperiodistas. Cuáles son ahora los callejones oscuros todavía sin transitar, donde sorprender imágenes inocentes, que se muestren al margen de la mirada de la cámara, hoy día, en la ciudad de la inflación de las imágenes en que vivimos.

Si hay algo que ha hecho de los documentales y la fotografías de Raymond Depardon una obra única y singular es precisamente su capacidad para reinventar esa genuina mirada de gato de los fundadores del fotoperiodismo, pero en este caso, con el valor añadido de resolver esa mirada en un contexto socio-comunicativo completamente diferente: cuarenta, cincuenta años después, muy alejada de la época en la que el fotógrafo era el privilegiado amigo de la élite al que se le permitía hacer fotos sin que nadie se diera cuenta. La situación es completamente distinta y más difícil en lo que concierne a la fotografía y al documental a la hora de ofrecer una muestra de realidad que todavía nos resulte atractiva, sin hacer uso de la ficción.

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La selección de películas de Raymond Depardon seleccionada para este ciclo, recoge siete obras que aluden a temas especialmente recurrentes del cineasta: su experiencia como reportero gráfico, la vida rural donde remoza los orígenes campesinos de su familia y su infancia, y los juzgados de lo penal. En todos sus filmes Depardon nos ofrece una mirada nítida, exenta de aditivos, en la que el autor limita su intervención a la selección del tema y los fragmentos de las distintas escenas. El resultado, sorprendentemente, lejos de resultar impasible, destila humanidad y proxemia. Sin añadido alguno, sin ficción a la que acogerse, dejando respirar la emoción en completa libertad, Raymon Depardon consigue que sea posible mostrar una de las realidades más cercanas y cálidas, de forma completamente limpia y contundente.

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