‘Kubo’ y la realidad de origami

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Artículo original para Vaho Magazine by Esther Marín Ramos

Anoche vi Kubo (Travis Knight, 2016) en el Cine de verano La Esperanza, ese cine que es un milagro para much@s y al que en su día dedicaré un espacio propio. Valga decir ahora que esta película no podía proyectarse en mejor lugar que bajo una luna creciente, una pinada y el asombro de los niños que alucinaron tanto como yo, aunque no la entendieran. Por que, definitivamente, Kubo aunque se venda como tal, tiene poco de cine infantil. Desde el principio, notas que no estás ante una de esas, por otro lado magníficas películas, que últimamente nos deja el hermanamiento Pixar-Disney. Su tempo, como la cadencia nipona, es más lento, y una lo agradece porque solo así puedes admirar la belleza de sus imágenes e incluso esa emoción contenida que tan genialmente describe el cine de Ozu, de Koreeda…Pero bueno, que me embeleso. Aunque es precisamente eso lo que quiero decir, esta cinta tiene esa propiedad, de embriagarte e ir conduciéndote sin que te des cuenta a un clímax final demasiado complejo para impactar sobre los niños al estilo Frozen o Del revés. Para empezar, tiene un argumento metaficcional, es decir, que habla sobre el poder en sí de la ficción, reparadora de nuestro pasado, de sus grietas y deformaciones; de una realidad que no consiste más que en el final que uno quiera dar a su historia: el tema postmoderno de la realidad subjetiva resumido en el grito de Kubo al Rey Luna “¡todas las historias tienen un final!”; no hay historias infinitas, absolutas, como el despótico brujo le quiere hacer creer, sino subjetivas y manejables como el papel que dobla el joven héroe para emular la realidad.

Y entonces, a la vez, Kubo, cómo no, es una vindicación a la contundencia de la memoria en estos tiempos líquidos en que tan ligeramente pretendemos pasar de una cosa a otra; es un toque de atención y un homenaje en toda regla al poder de la narración para contar la realidad, desde aquella que se iba cosiendo en el relato de cada nuevo oralista, hasta la que hoy se teje con las voces anónimas de las redes cibernéticas, en todas ellas, concluye el filme: “la gente recuerda aquello que necesita saber”.

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